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La dirección de la cura, hoy

2016: XVI Seminario. Boletín #4

En este Boletín presentamos el texto de nuestro colega Fernando Schutt de la NEL-Miami, titulado “Impotencia y Ejercicio de un poder…” -texto en el cual recurre a un recuerdo de sus clases de estudiante universitario para mostrarnos por qué Jacques Lacan rechazó de plano el concepto de la contratansferencia en la dirección de una cura. También fundamentará con un ejemplo hipotético muy bien planteado –valiéndose de una muy oportuna cita de Lacan- que, “de no hacer aplicar al analizante la regla analítica, la praxis analítica se convierte en el ejercicio de un poder que no apunta a la apertura del inconsciente, por la impotencia para sostener su legitimidad”.

Elida Ganoza

Impotencia y Ejercicio del poder…
Fernando Schutt

En la contratransferencia.
Recuerdo que, en mis épocas de estudiante universitario, cierta catedra, ligada a la IPA, explicaba que el analista operaba como una “pantalla en blanco” en donde el analizado proyectaba sus afectos inconscientes. De este modo, lo que el analista sentía durante la sesión debía ser atribuido al inconsciente del analizado que conectaba con el inconsciente del analista.

La idea que el analista fuera como “una pantalla en blanco” era central para definir la contra-transferencia como aquello que el analista sentía pero que no era atribuible a su persona sino a la del analizado. Era el análisis didáctico lo que le permitía al analista alcanzar semejante estado de pureza. Logrado entonces este estado lo que acontece en la sesión analítica es solo atribuible al analizado.

En este texto, Lacan pone el acento sobre el analista y los efectos que sobre él tiene dirigir el análisis, que, por cierto, lejos están de la pasividad o la pureza. El lugar del analista está en dirigir la cura, no en ser una pantalla en blanco. Tanto la reeducación emocional como la contratransferencia, no son entendidas por Lacan como conceptos superadores producidos por los post Freudianos, sino, por el contrario, y como explicará más adelante en el texto, como conceptos que llevan al cierre de lo inconsciente y/o al acting out y, por ende, ponen en evidencia la ignorancia acerca del descubrimiento Freudiano.

Destaca también, que toda vez que una praxis es impotente para sostener legítimamente su autenticidad, recurre al ejercicio del poder, incluyendo, dirá más adelante, a sus instituciones también. ¿Podríamos pensarlo como un giro del discurso analítico hacia el del amo si nos basáramos en conceptualizaciones posteriores?

En una dirección que no apunta a la apertura de lo inconsciente.
El analista no dirige ni al paciente, ni a su conciencia moral, sino la cura. Dicha dirección consiste en primer lugar, en hacer aplicar por el analizante la regla analítica. Dice que deberá ser planteada bajo forma de consignas al inicio del análisis y que vehiculizaran la doctrina. No pueden no ser planteadas y, a pesar de no poder hacerse de un modo univoco, dice:

“Establezcamos únicamente que, de reducirlo a su verdad, ese tiempo consiste en hacer olvidar al paciente que se trata únicamente de palabras, pero que esto no justifica que el analista lo olvide a la vez[1]”

¿Cómo entiendo este párrafo?

No hay un único texto para articular la regla analítica, pero debe transmitirle al analizante que se les dará todo el peso a sus palabras, justamente, olvidando durante la sesión que son solo palabras. Por ejemplo, si el analizante tiene un lapsus, hay que darle todo su peso a ese lapsus. Hay que transmitir la idea de que no se lo dejara pasar como “solo palabras” o “no es eso lo que quise decir”. ¿Pero que quiere decir Lacan con que eso no justifica que el analista lo olvide a la vez?

Se me ocurre el siguiente ejemplo hipotético:

En el estado de Florida, USA, lugar donde tengo mi práctica, reeducación emocional y moral están a la orden del día, indicándole al “cliente” qué está bien y qué mal y cuál es lo que más le conviene.

Un joven estudiante concurre a su cita regular con el terapeuta en la escuela. El joven, le cuenta al terapeuta un desencuentro amoroso producto de una estrategia errónea por él utilizada. Está muy angustiado y repite en varios momentos de su relato: “Me quiero matar”. El terapeuta intenta sin éxito calmarlo explicándole que esas cosas son comunes y que ya va a encontrar un nuevo amor.

Las intervenciones del terapeuta, responden al sentido general del discurso del paciente. No pone el acento sobre las particulares palabras que el joven está utilizando, tratándolas como más que simples palabras y preguntando por algo que está diciendo más allá del sentido de la frase, propiciando la apertura de lo inconsciente, por ejemplo, marcándole o preguntándole por ese “me quiero matar”. Es decir, en el marco de la sesión, deja que el joven trate a ese “me quiero matar” como solo palabras dichas y solo le da peso al sentido de la oración.

Pero lo interesante de este ejemplo hipotético, es que al no conseguir el terapeuta disminuir el nivel de angustia del joven, decide olvidar que se trata solo de palabras y, temiendo por la vida del joven, llama al servicio de emergencias. En pocos minutos, el joven se ve rodeado de unos cuantos paramédicos, policías y terapeutas del equipo de emergencias responsables de evaluar si el joven quiere matarse o no. Si estos terapeutas determinan que el joven realmente quiere matarse, entonces harán una hospitalización forzada. El joven se encuentra entonces en la tarea de tener que convencer a estos terapeutas del equipo de emergencias que se trataba solo de palabras.

El terapeuta se abocó a trabajar el sentido de lo que el joven decía en la sesión, pero no se ha instalado la verdad de la regla fundamental: Vamos a olvidar que se trata solo de palabras durante la sesión para el decir del analizante. Tampoco tuvo lugar la condición de que el terapeuta no se olvide que son solo palabras. El creyó que esas no eran solo palabras y por eso llamó al servicio de emergencias.

El ejemplo hipotético muestra también como ante la impotencia de una praxis para sostener su legitimidad, recurre al ejercicio del poder, redoblándolo cuando termina diciéndole al joven que no se puede decir cualquier cosa sin pensar antes en las consecuencias de lo que dice. Es el terapeuta en este ejemplo quien olvidó que solo se trataba de palabras y el joven quien lo recordó. En términos de la verdad de la regla fundamental, están aquí las cosas invertidas. Queda el ejercicio del poder y la ruptura del marco de la sesión del lado del terapeuta. La regla fundamental facilita la apertura del inconsciente y, en ese punto es el analista quien debe bregar por su cumplimiento y dirigir la cura.

No hacerlo, implica justamente todo lo opuesto: el cierre del inconsciente.

NOTAS

  1. Lacan, Jacques, La dirección de la cura y los principios de su poder, Escritos 2, Editorial Siglo 21, pág. 560.

Comisión organizadora
Director del INES: Mauricio Tarrab
Presidente del Comité Consultivo: Clara María Holguín
Comisión INES
Elida Ganoza
Viviana Berger
María Eugenia Cardona
Gisela Cordido